Alberto(ThePenguin)

Una antología de mil piezas en algún lugar de tiempo
Introducción

Introducción

 

Harald permanecía tumbado en la arena admirando la gran pirámide de Amm Barak a solo unos kilómetros de la pequeña aldea de Umr situada al sur del gran valle Khetropias. Fumaba de una pipa llena de hierbas hoshi’s y disfrutaba de la arquitectura y belleza de la estructura, mientras caía en la cuenta de que ya nadie visitaba aquellos maravillosos monumentos distribuidos por todo el valle, creados por los primeros seres de la tierra baja, los ‘Umts’, seres tan grandes y mágicos que era imposible ver sus rostros por lo alto de sus cuerpos. Mientras disfrutaba el sabor de las hierbas recordaba el triste final de esos seres fantásticos que ahora solo eran mencionados en las historias de los aldeanos más longevos.

-El conocimiento perdido de la construcción.- Se dijo a sí mismo.

Pasaba la media noche mientras a lo lejos las últimas luces de Umr se apagaban. De pronto Harald se dio cuenta de su situación actual, podía morir esa noche, había llegado solo al llamado de una misión que ya no sabía si era real, y ahora se encontraba tan lejos de casa. Es verdad que había crecido en Umr pero ahora vivía en la gran ciudad de Khetros la capital del Valle y trabajaba como consejero de guerra para el gran Sabio, el gran líder de la capital, su vida había cambiado tanto desde que pasaba sus tardes de joven corriendo con los caballos en las montañas de la aldea y aprendiendo de los grandes Maestros sobre magia y hechizos del mundo antiguo en los jardines de los templos, llegó a sentir un sentimiento de nostalgia mientras recordaba esas tardes. De pronto el miedo se apoderó de él, a su alrededor no había una sola persona y empezó a temer por su vida, llegó a pensar que el mensaje que había recibido esa mañana podría ser falso y tan solo una malinterpretación de su magia.

Fue entonces cuando ocurrió…

Las luces iluminaron la punta de la pirámide convirtiéndola en polvo, dejando así una estructura sin punta, sobre esta apareció una especie de nave deforme y brillante de la cual bajó una persona extraña de piel pálida que solo vestía túnicas blancas. A pesar de estar aterrado por dentro Harald se puso de pie, sabía que era el hombre que estaba esperando, se apresuro a subir por los escalones de Amm Barak. De pronto se detuvo al percatarse que la persona lo miraba fijamente desde la cima, tenía los ojos de un color rojo vivo, su mirada era penetrante, no tenía cabello y parecía sangrar de alguna herida en la cabeza, se notaba desesperado. El sujeto fijo su mirada sobre Harald y este pudo sentir como se metía en su mente, como leía sus más profundos pensamientos y esto le hizo apartar la mirada de manera temerosa, lo siguiente que le hizo volver la cabeza fue que el sujeto menciono unas palabras. Su voz era tan fuerte que Harald llego a pensar que se escuchaba por todo el mundo.

-Juntos formaremos un solo ser, encuentra la puerta que une nuestros mundos, nos veremos de nuevo cuando el sol se apague… Tengo fe en ti, Harald el sabio.-

Seguido de esto el hombre dio media vuelta, subió a su nave y hubo una explosión que ilumino todo el cielo con un ruido escalofriante cegando a Harald, después … nada, la nave desapareció.

Harald continuo subiendo hasta llegar a la punta y percatarse que estaba ahí, el artefacto que le habían enviado a buscar.

Era un artefacto extraño metálico, parecía dañado por el paso del tiempo, hacía un ruido extraño que parecía venir de su centro era una pequeña esfera que parecía estar rodeada de engranes. Harald estaba confundido, ya nada parecía sorprenderlo después de lo que había ocurrido esa noche, todo había sido como le habían dicho, el extraño sujeto, la hora en la que aparecería, la nave y ahora el artefacto que tenía frente a el, por un momento sintió que todo esto ya había pasado antes, en algún momento que ahora parecía muy distante en su mente, dicha sensación se vio interrumpida por el ruido que provocaba el artefacto, sus indicaciones habían sido muy claras, “Recupera el artefacto, llévalo al norte y sigue las instrucciones grabadas en el volcán de la tierra alta”.

Harald tomó el artefacto con cuidado y lo cubrió con una manta mientras bajaba de la gran pirámide de Amm Barak.

Mientras llegaba a la base algo lo mantenía inquieto, todo ocurrió justo como se lo habían dicho esa mañana, excepto una cosa, el sujeto no debía mencionar una sola palabra. Lo más escalofriante es que sabía el nombre de Harald, -‘un solo ser’, ‘¿la puerta que une qué mundos?’, ‘Cuando se apague mi sol…’, pero, ¿porqué me ha llamado sabio?- Todo parecía tan confuso.

Harald sabía que la segunda parte de su misión era aún más difícil, pero la persona que se lo había encargado esa mañana era muy importante.

Harald pudo observar la luz al norte y quedo sorprendido, era ridículo pensar que había terminado la noche, si solo habían pasado unos minutos, no debía pasar más de la media noche, -acaso he pasado tanto tiempo arriba con ese sujeto, no tiene sentido, es como si el tiempo me hubiese jugado una mala broma, o ¿acaso era un mago o quizá un gran Sabio que uso su magia para confundirme y estuve durante horas con el?- Ya nada importaba, tenía prisa y le quedaban pocos días para cumplir con su misión.

Harald observó con gran esperanza hacía el norte.

-El sol brilla nuevamente.-

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