Alberto(ThePenguin)

Una antología de mil piezas en algún lugar de tiempo
Capítulo 1 – En el bosque de Volken

Capítulo 1 – En el bosque de Volken


«Sabe a que has venido y dice que … te ha estado esperando, en realidad …

él te ha traído aquí.»

Tau

Estaba oscuro y el frío se apoderaba de Eliha Nor mientras se adentraba cada vez más por el estrecho sendero que parecía no tener fin, se consideraba a sí mismo fuerte sin importar su pequeño y delgado cuerpo ya que entrenaba diario con su maestro Rhoa, sin embargo, mientras avanzaba a su destino podía sentir como el miedo recorría todo su cuerpo derrumbando esa confianza que sentía esa mañana antes de partir a una misión que tal vez terminaría con su vida.

-¡Ahhh!, acabo de pisar un nido de hormigones.-

La caminata se había prolongado durante horas, ahora el olor a sangre que desprendían los arboles se volvía insoportable mientras la ligera llovizna roja comenzaba a lastimar la piel de Eliha.

-Si tan solo hubiese escuchado a la vieja Elani, no debí venir al bosque solo esta noche puedo morir.-

El joven vivía con su patrón el señor Asis y su esposa la vieja Elani en la aldea de Umr, mientras trabaja para ellos entrenando caballos que eran vendidos a guerreros de la capital, tenía una vida tranquila como para cometer la locura de adentrarse en el lugar que se encontraba ahora,en las tardes aprendía el arte de la magia con su maestro Rhoa, el único Sabio de Umr, para así convertirse algún día en un mago y quizá aspirar a Sabio en algún momento de anciano si sus poderes llegaban a tal nivel. El motivo para adentrarse en el lugar donde estaba ahora era su pequeña hermana Shiri, estaba enferma, pensaba en ella a cada paso que daba, sin duda valía la pena morir en el intento de salvar a la pequeña.

De pronto Eliha tembló de miedo al ver el viejo letrero de madera que tenía de frente, estaba oficialmente en la entrada del bosque más grande de la tierra baja, su futuro era incierto.

«Volke°n»

‘Volken’, el bosque de los sabios, abarcaba gran parte de la tierra baja, aunque toda la vida se hacía en el gran valle de Ketrophias y su capital Ketros, el bosque se encontraba al sur del valle y hasta los aldeanos que vivían más cerca del bosque le guardaban respeto que parecía más bien miedo. El bosque de los sabios era un lugar enorme, se conocían hasta ahora tres senderos para acceder a su interior, por fuera estaba rodeado de árboles gigantes que despedían un olor a sangre impidiendo a los aldeanos acercarse siquiera al lugar, al fondo del bosque se podía ver el pico de una montaña verde, bautizada como la montaña de los enk.

‘Muchos entraban y pocos salían’, muchas historias y rumores rodeaban la historia del bosque, muchos decían que Ara Lir la antigua reina de la luz después de dejar la administración del mundo a los hombres se había refugiado en la montaña en la espera de Enki el dios de la creación para ser uno mismo y convertirla en una diosa. Existían rumores de que los arboles cobraban vida al caer la luz del sol y tenían un rey llamado Tha que vivía en el interior de la montaña y secuestraban personas para rendirle tributo a Tha con sacrificios. Por otra parte decían que los Sabios que morían despertaban en el interior de la montaña para seguir aumentando su magia y así convertirse en dioses, de ahí el último nombre asignado al lugar como el Bosque de los Sabios.

Claro, existía la historia de Nazios hijo de Enzo el granjero de la aldea Whuayra. Eliha se sabía de memoria la historia que le había contado su maestro Rhoa.

Se cuenta que Enzo el granjero tenía una tienda donde aparte de dedicar su vida al campo trabajaba con las espadas y arcos averiados, en el arte de la restauración, las armas eran su verdadera pasión pero el trabajo del campo dejaba muy buena paga y al ser Whuayra una aldea alejada de la capital y muy cerca del bosque el trabajo como restaurador no le daba muchas ganancias.

Enzo tenía un único hijo, Nazios, vivía solo con él ya que su esposa Arna había muerto durante un asalto de la gente de la tierra alta, en una expedición que incendio gran parte de los huertos, un evento catastrófico que no le gustaba recordar, su hijo era muy pequeño en ese entonces así que no recordaba mucho a su madre y no había sufrido la perdida tanto como él.

El joven Nazios pasaba las mañanas cuidando a los caballos de los agricultores que trabajaban para su padre y por las tardes salía a cabalgar con su propio caballo que había sido regalo del mejor amigo de su padre, un hermoso caballo color café que había nombrado Arnes, el joven amaba mucho a su caballo, lo llevaba a cabalgar todas las tardes hasta las afueras del bosque cuidando no pasar por el sendero que daba acceso a esté, ya que podía escuchar desde afuera los lamentos del bosque y se podía sentir el olor a sangre que despedían los árboles.

Una tarde Nazios paseaba cerca del sendero que da acceso al bosque y de pronto le pareció ver una extraña figura entre los arboles, era un hombre, un sujeto alto con túnicas blancas rasgadas y sucias, el hombre no tenía cabello, a pesar de la distancia podía sentir como el sujeto lo miraba fijamente a los ojos y su cuerpo sintió escalofríos, sentía como el sujeto podía penetrar hasta el rincón más oscuro de su mente y saber que tenía miedo, de pronto Arnes se volvió loco y comenzó a trotar más fuerte en dirección al sendero sin hacer caso de los jalones de cuerda que daba Nazios, el caballo freno de golpe arrojando a su amo por los aires, esté aterrizo muy cerca de la entrada del bosque donde podía apreciar claramente al sujeto de las túnicas blancas. Tumbado en el suelo, Nazios pudo observar con claridad, el hombre estaba flotando, su cuerpo desprendía un color verde brillante y miraba al joven fijamente. De pronto el sujeto abrió la boca y de este salio un chillido horrible parecido al ruido emitido por los búhos, parecía que la cabeza de Nazios iba a explotar por el sonido, seguido de esto el sujeto menciono unas palabras que el joven asustado no pudo entender en un dialecto que jamás había escuchado antes y después sonrió, lo que dejo impactado a Nazios fue que él sujeto tenía dientes de caballo que le dibujaban una sonrisa macabra en el rostro, el joven se sintió hipnotizado y se levanto caminando hacia el sendero, lo siguiente que ocurrió es un misterio.

Una niña hija de un empleado de Enzo, que se había alejado de los campos y se encontraba a unos metros de la escena menciona que vio al joven Nazios caer de un caballo que se había vuelto loco y minutos después el joven se levanto caminando adentrándose al bosque por el sendero en dirección a una extraña luz verde que brillaba entre los arboles.

La niña corrió a contarle el suceso a su padre quién rápidamente le dio aviso a Enzo y este llego a pasar varias tardes gritando el nombre de su hijo a la entrada del bosque esperanzado en volver a verlo, aunque sabía que era imposible, ‘lo que el bosque tragaba jamás lo escupía de vuelta.’

Tres días después Nazios apareció en la puerta del establo frente a su padre, con la ropa rasgada y sucia, su aspecto era el de un hombre débil con una mala alimentación, tenía la piel pálida y atrás había quedado su físico corpulento tan admirado entre las jovencitas de la aldea, parecía estar enfermo, al mirar a su padre solo pudo balbucear unas palabras … «El fin esta cerca, la gente de la luna nos quemara a todos, debemos pagar por desobedecerles..» al final se desplomo en los brazos de su padre.

Nazios durmió durante toda la tarde, al amanecer el joven le contó a su padre una serie de historias muy difíciles de creer de lo que le ocurrió al interior del bosque, desde demonios sin cuerpo, arboles que cobraban vida, tormentas de arena, ríos rojos, cuevas, muchas de ellas que llevaban a otras partes del bosque o incluso a lugares con hielo, gigantes, estructuras tan altas como las de la tierra alta, volcanes, pirámides, entre otras cosas impresionantes para el joven, incluso le contó que logró acceder al interior de la montaña y dijo que dentro se encontraban muchos sabios que podían moverse de un lugar a otro en segundos, incluso dice haber visitado a su padre en dos ocasiones mientras este trabajaba pero lo hizo tan rápido que su padre no pudo verle, también menciono que al interior de la montaña aguarda un poder ilimitado que ningún sabio puede imaginar.

Todas estas historias hicieron pensar a Enzo que su hijo había perdido la cordura, lo que le hizo pedir ayuda a los magos y sabios de las aldeas cercanas para sanar a su hijo, el rumor se esparció por todo el reino y muchos sabios llegaron a visitar al joven que siempre contaba las mismas cosas sin cambiar la versión. Los aldeanos optaron por creerle a pesar de que las historias del joven fuesen muy increíbles y rozaran con la locura, él era el único que había logrado salir con vida de Volken así que tuvieron que creer en él.

Muchos magos e incluso algunos Sabios ingresaron al bosque con la misión de conocer el poder que Nazios contaba pero nadie fue capaz de salir de nuevo, con el paso de los días lo dejaron de intentar y dieron por sentado que el joven era un afortunado, un caso único y solamente anhelaban que algún día pudiesen ingresar y salir como lo había hecho el.

La desaparición de Nazios ocurrió seis días después, el joven se había incorporado a sus actividades y parecía mejorar físicamente, hasta que una mañana después de lavar a los caballos los trabajadores lo vieron quedarse paralizado mirando al bosque, dicen que comenzó a caminar de manera rápida al sendero, como si algo lo llamara, era muy extraño, llamaron a Enzo y este salio de su tienda donde reparaba un arco y miro a su hijo mientras corría directo al sendero, Enzo corrió tras él ya que no estaba dispuesto a perderlo de nuevo con el miedo de que esta vez fuera para siempre pero no logró alcanzarlo, justo antes de perderse por el sendero Nazios giro a ver a su padre y con una sonrisa escalofriante y los ojos en blanco le dijo a su padre mientras este caía al suelo de la desesperación,

-Lo siento padre, nos volveremos a ver, tengo una misión que cumplir, pero no te preocupes, todos nos reuniremos al caer el Sol-

Esa fue la última vez se vio a Nazios.

Desde ese entonces el bosque se convirtió en un lugar donde los aldeanos no se acercaban por miedo a que este los tragara como al joven Nazios, solo algunos magos aprendices de Sabios se aventuraban a ingresar al bosque en busca del conocimiento de la montaña enk, sin la suerte de salir. Nadie imaginaría que un simple aldeano trabajador del campo como Eliha Nor se arriesgase a perder la vida en el gran bosque de los Sabios.

Mientras se adentraba cada vez más por el sendero del bosque, Eliha sacó de su bolso una manta de oso Griller para cubrirse de la lluvia que cada ves se hacía más espesa, el sendero era largo y el olor de los arboles se sentía cada vez más insoportable en la pequeña nariz del joven aventurero, sabía que el peligro de adentrarse en el bosque de los brujos era muy alto, nadie había salido del bosque con vida desde hace años, ni siquiera los sabios más poderosos se atrevían a entrar.

El sonido de unas serpientes hicieron saltar a Eliha que llevaba mucho tiempo caminando a ciegas por la oscuridad que ahora gobernaba el lugar.

-¡vaya!, así que esto es lo que se siente caminar por el abismo de los muertos, oscuridad absoluta y serpientes, sin duda la picadura de algún animal volvió loco al tal Nazios y por eso escapo contando tantas tonterías.-

Eliha no soportaba el olor de los arboles y la oscuridad en la que caminaba le había hecho tropezar más de una vez con nidos de hormigones que tenía que sacudir de sus piernas muchas veces y ahora esto, serpientes.

De pronto otro sonido pareció alertarlo, a su izquierda creyó escuchar una risita muy ligera, esto alerto al joven que era muy curioso pero al mismo tiempo recordaba que se encontraba en el lugar más peligroso del mundo. Sin embargo prefirió caminar hacia donde venía la risa, era eso o caminar en dirección de las serpientes. Camino hasta que la sonrisa se hacía tan fuerte y pudo darse cuenta que era un llanto, Eliha dudo un poco pero pregunto:

-¿quién anda ahí?,-

-¿estas bien?…-

-¿es que acaso no sabes que no puedes estar aquí?

El llanto se detuvo y después de un silencio profundo una voz de niño respondió, -¿quién eres tu y qué haces tan lejos de casa?-

Eliha parecía confundido, -amm, mi nombre es Eliha, ¿estas perdido?- dijo el joven temeroso.

-Yo soy Tau guardián de la cueva del hielo, ¿que haces tu aquí en la oscuridad?-

Eliha más tranquilo al escuchar el tono de voz se dijo, -es tan solo un niño- pero no le quedaba claro que hacía ahí tan adentro del bosque jugando en la oscuridad a ser guardián de cuevas imaginarias.

De pronto una luz se encendió e iluminó todo a su alrededor, estaba rodeado de árboles, arbustos y lianas que caían de algún lugar en lo más alto de los arboles, no se alcanzaba a ver el cielo por las hojas abundantes; la luz provenía de lo que parecía ser un pequeño tronco cortado, con unas ramas sosteniéndole, pero por ningún lado el pequeño Tau…

De pronto del tronco se iluminaron dos ojos enormes y brillantes

-Listo, me cuesta mirar la luz después de estar a oscuras tanto tiempo-

Eliha salto del susto y dijo con voz quebrada -¿pero qué.. acaso eres lo que veo?, un árbol, bueno un pequeño tronco-

-¡Tau!-dijo con autoridad, lo que parecía ser el pequeño tronco regordete.

-Soy Tau el guardián de la cueva del hielo y tu eres Eliha Nor.-

Eliha quedo sorprendido, el pequeño tronco hablaba y además sabía su nombre, ¿era acaso que el bosque le estaba jugando una trampa con su magia oscura y artimañas?

Estaba seguro que lo que veía no podía ser real pero a pesar de eso ya estaba dentro del bosque y su suerte no había sido tan buena desde hacía un buen rato caminando a oscuras, así que ese pequeño tronco con ojos enormes, boca pequeña y con una especie de esfera en una de sus ramitas que emanaba una luz tan grande que podría iluminar una tienda entera representaba su mejor opción en ese momento.

-Eres algún tipo de hechizo, de eso estoy seguro, pero el bosque representa un peligro y necesito ayuda- dijo Eliha -¿serías capaz de guiarme a la gran montaña?-

El pequeño Tau lo miro fijamente un poco aturdido y le dijo

-Los enk no vamos a la montaña, los demonios vienen de la montaña y queman nuestras hojas, consumen nuestros lagos y acaban con nuestros frutos, la montaña es un lugar muy malo, ¿porqué alguien querría ir a ese lugar tan peligroso?-

A lo que Eliha respondió -tengo que encontrar una cura para mi pequeña hermana, esta enferma y nadie del reino puede ayudarle, necesito acceder al poder, a la magia de la montaña, he escuchado que puede reparar todo, volver todo a como era antes, ¿puedes llevarme hasta ella?-

El pequeño Tau lo miró aún más confundido, ese joven le parecía muy desesperado y al parecer algún ser le había mentido sobre lo que escondía la montaña.

-La montaña no tiene poderes joven tonto, la montaña solo alberga puentes y pilares, entradas y salidas, ¿porqué alguien querría ir ahí?, regresa por donde has venido y no mueras en el camino, se ve que estas lejos de casa.-dijo Tau mientras daba media vuelta y se marchaba dando pequeños saltos sobre las hojas mojadas que servían de alfombra en todo el suelo.

-¡Espera!- dijo Eliha -en verdad, te lo ruego necesito de tu ayuda, no he visto a nadie más por este bosque y tu puedes al menos guiarme en el camino, por favor.-Eliha se arrodillo ante el pequeño tronco.

Tau lo miraba ahora con un poco de lastima y dijo -esta bien joven Nor, pero una vez que llegues será tu responsabilidad cuidar tu vida de los demonios, yo tengo un trabajo que cumplir pero antes tengo que encontrar a alguien.-

-Gracias,- suspiró Eliha con alivio –te he visto llorar hace unos momentos estoy seguro que puedo ayudarte yo también.-

-Mi madre,- lamentó el pequeño Tau mientras sus ojos brillantes se llenaban de lagrimas -la he perdido, un demonio le ha arrancado de su lugar, ayúdame a encontrarla y te llevare yo mismo a cualquier entrada de la montaña.-

-¡Tenemos un trato!- dijo Eliha con emoción -por cierto, el sol, no ha salido, ha pasado mucho tiempo y ya debería de haber luz, no te parece que es extraño- dijo mirando hacía el lo más alto de los arboles.

Tau lo miro fijamente a sus ojos y le dedico una amable sonrisa con su pequeña boca.

-Tienes mucho que aprender acerca del bosque, joven Nor, pero por suerte estoy aquí para ayudarte.-

El pequeño Tau le tendió una de sus ramas a Eliha y este la tomo con alegría al saber que ya no estaba solo a su suerte en la oscuridad del bosque, ahora tenía un cómplice que al parecer sabía mucho sobre el bosque y además tenía lo que parecía ser una linterna, después comenzaron a andar con la luz que colgaba de la otra extremidad de Tau por delante.

De pronto se escucho un silbido parecido al de un búho pero era tan fuerte como un trueno y Eliha se detuvo de golpe, Tau lo volteo a ver y le dijo con una mueca de seriedad que le hizo arrugar su pequeño rostro de madera -Es él, se ha llevado a mamá.- Eliha no parecía entender al pequeño Tau mientras los chillidos se repetían pero esta vez con más fuerza y al parecer más cerca de ellos.

-Sabe tu nombre joven Nor,- dijo Tau sobresaltado -esto es malo, es muy malo…- Eliha aún más asustado miro al pequeño Tau mientras este parecía escuchar algo en los chillidos.

-Sabe a que has venido y dice que … te ha estado esperando, en realidad, él te ha traído aquí.-


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